¿Recuerdas el suelo de linóleo de casa de tu abuela, verdad? Pues, aunque el linóleo y el vinilo se comparan a menudo, no podrían ser más diferentes. La calidad de los suelos de vinilo, y en especial del vinilo acolchado, ha mejorado de forma drástica en los últimos años.
El linóleo podría considerarse el “padre” del vinilo, pero, siendo más precisos, el vinilo fue el producto que dejó al linóleo fuera del mercado. Con un mantenimiento más sencillo, mejor precio, opciones de diseño ilimitadas y una resistencia superior, el vinilo es el producto nuevo y mejorado para quienes en su día habrían considerado el linóleo. El linóleo, aunque sigue existiendo, se ha convertido en el siglo XXI en un producto prácticamente exclusivo para profesionales.
Pero ¿de dónde viene esta comparación y por qué la gente se pregunta “¿el vinilo es linóleo?” cuando ve láminas de vinilo en la tienda? Es hora de profundizar en el tema.
En 1855, Frederick Walton descubrió que el aceite de linaza solidificado tenía propiedades elásticas y flexibles que lo convertían en un buen sustituto del caucho natural. Tras algunas modificaciones, nació el Kampticon —una variación del Kamptulicon, el revestimiento de suelo dominante en aquella época—, que poco después pasó a llamarse linóleo. Tras unos inicios difíciles, el linóleo despegó y en 1869 ya se exportaba a Europa y a Estados Unidos. Con la entrada de competidores en el mercado, solo 14 años después de su invención un tribunal dictaminó que el término “linóleo” se había vuelto genérico debido a su uso generalizado.
El éxito de la invención de Walton fue enorme. Su linóleo económico era una excelente alternativa para zonas de uso intensivo como pasillos y entradas. Gracias a su resistencia al agua, también se utilizó ampliamente en cocinas y baños. Sin embargo, tras casi 100 años, el linóleo perdió gran parte de su cuota de mercado frente al vinilo, un tipo de suelo fabricado a partir del material sintético cloruro de polivinilo (PVC). Aunque el vinilo ofrece una flexibilidad y durabilidad similares, existen importantes diferencias, principalmente en su composición. El vinilo está hecho de materiales sintéticos, mientras que el linóleo se fabrica exclusivamente con materiales orgánicos. Aún hoy se encuentran en el mercado suelos denominados “lino”, pero solo aquellos que no son de naturaleza sintética pueden considerarse auténtico linóleo.
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Una de las grandes ventajas de los suelos vinílicos en rollo es su fácil instalación, lo que los convierte en un producto muy apreciado por los aficionados al bricolaje. Sobre una base nivelada, puedes pegar el rollo de vinilo y cortarlo fácilmente para ajustarlo a las esquinas.
La instalación de un suelo de linóleo puede ser similar, pero la menor flexibilidad del linóleo hace que sea más difícil de manipular. Dado que hoy en día el linóleo se utiliza casi exclusivamente en aplicaciones profesionales, su instalación suele realizarla siempre un especialista.
Más información sobre la instalación de suelos de vinilo.
Tanto el vinilo como el linóleo se presentan en rollos, lo que históricamente ha generado confusión entre ambos tipos de suelo cuando coexistían en el mercado residencial. A día de hoy, el ancho es el único factor clave cuando hablamos de juntas. Aunque ambos suelos suelen estar disponibles en tamaños similares, los vinilos en rollo de Beauflor, como ya se ha mencionado, alcanzan anchos de hasta 5 metros. Esto convierte a los vinilos Beauflor en la mejor opción para conseguir un suelo continuo y sin juntas.
Una categoría en la que el vinilo aún no ha superado completamente al linóleo es el confort. El linóleo es ligeramente más blando que el vinilo, lo que también lo hace un poco más silencioso.
No obstante, ambos suelos se sitúan en la categoría superior en cuanto a absorción acústica y resistencia al impacto. Además, ambos son antideslizantes, por lo que resultan adecuados para estancias con mayor humedad (aunque el linóleo sufre más con niveles elevados de humedad).
Como puedes ver, aunque el vinilo y el linóleo pertenecen a la misma categoría de suelos, son muy diferentes en su naturaleza y prestaciones. Mientras que los compradores de suelos residenciales optan casi siempre por el vinilo acolchado, en algunos segmentos profesionales el linóleo sigue utilizándose.

Aunque los suelos vinílicos en rollo sustituyeron rápidamente a los diseños existentes de linóleo en los años 50, no se limitaron a imitar el aspecto y la sensación del linóleo. Como el vinilo obtiene su diseño mediante la impresión de una capa sobre el material sintético, que posteriormente se protege con una capa de uso, las opciones de diseño son prácticamente ilimitadas.
Patrones de color, efectos baldosa, diseños de madera… el vinilo puede ser todo lo que imagines. Por eso se utiliza en tantos espacios distintos y en aplicaciones profesionales de todo el mundo.
Para usuarios profesionales, Beauflor incluso ofrece la posibilidad de crear tu propio diseño. Visita nuestro estudio de diseño para saber más.
El linóleo, en cambio, sigue un proceso muy diferente para crear su diseño. Se añaden pigmentos al material natural para obtener el acabado de color deseado, pero las opciones son más limitadas. El patrón de color es visible a lo largo de todo el material.
Un suelo para estancias donde pueden producirse derrames debe ser resistente al agua. Aunque el linóleo ha sido técnicamente resistente al agua desde siempre, esta característica depende del sellado periódico del suelo, un proceso que debe repetirse con el tiempo. Incluso con este sellado, el suelo natural es sensible a los daños por agua en casos de alta humedad o inundaciones.
El vinilo, por el contrario, es prácticamente impermeable. Gracias a la capa de PVC, los suelos vinílicos superan con creces las exigencias de resistencia al agua y son perfectos para baños y cocinas. Allí donde no hay juntas, el agua no puede infiltrarse ni colarse bajo el suelo. Los rollos de vinilo Beauflor son únicos porque están disponibles en anchos de hasta 5 metros, lo que permite una instalación continua y sin juntas en casi cualquier estancia imaginable.

Tanto el linóleo como el vinilo han sido y siguen siendo opciones muy apreciadas cuando se trata de limpieza. Aspiradora, escoba, fregona o distintos productos de limpieza… todos son adecuados para mantener el suelo limpio. La principal diferencia es que el linóleo puede sufrir cambios de color al entrar en contacto con determinados productos de limpieza con un nivel de pH elevado.
La capa protectora del vinilo garantiza que el suelo no cambie de aspecto con el paso del tiempo, incluso con una limpieza frecuente, mientras que el linóleo necesita detergentes específicos para conservar su apariencia original.
En cuanto a durabilidad, comparar linóleo y vinilo no es tan sencillo, ya que depende en gran medida de la calidad del propio producto. Una capa de uso de baja calidad en el vinilo puede perder sus propiedades protectoras con el tiempo, mientras que el linóleo es más blando y vulnerable a pequeños daños. Una de las mejoras clave del vinilo frente al linóleo es que ya no requiere mantenimiento periódico. Para prolongar la vida útil del linóleo, es necesario sellarlo de forma regular; sin este mantenimiento, resulta más susceptible a arañazos y al desgaste. No obstante, como el diseño del linóleo está presente en todo el material, estos daños suelen ser menos visibles a simple vista.
Como ocurre con muchos productos, la duración y el estado del suelo dependen del cuidado que se le dé. El linóleo requiere algo más de atención de vez en cuando (lo que supone una desventaja en entornos profesionales), pero puede conservar su aspecto durante muchos años. El vinilo moderno, por su parte, es un producto de altísima calidad, lo que lo hace muy duradero a largo plazo.
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